
¿Creían que el terror terminaba con una dolorosa extracción sin anestesia? Pues no, la cosa siguió así:
Esa noche y el día siguiente sucedieron con una aparente recuperación mediante antibióticos y analgésicos que calmaban un poco pero ni una milésima parte de lo suficiente, a lo cual se sumó unas líneas de fiebre que me llevaron a recurrir nuevamente al consultorio del terror para que alguien solucione o me explique o algo. Me atendió esta vez una odontóloga y efectivamente encontró infección porque según su criterio el dentista-carnicero tendría que haberme dado otra puntada más, pero sostenía que el hecho de que no me haya hecho mucho efecto la anestesia es algo raro pero que a veces pasa. Embebió una gasa en una solución amarillo fosforescente con gusto a diablos y la insertó bien adentro de mi encía, hasta el hueso -cosa que no me dolía pero me generaba una extraña molestia- y supuestamente dos días después debía volver para que me la cambie y santo remedio. Pero no.
Veinticuatro horas después amanecí con un dolor insoportable y sorda de un oído, corrí a mirarme al espejo y no solo la gasa se había salido sino que sobre mi encía asomaban huesos. Velozmente volví al lugar para que me reparen, me maten o para matarlos y ahí es cuando me topé con la recepcionista mas estúpida del mundo. "¿Huesos? ay nena, eso es imposible, deben ser encías duras". Maldigo que no podía hablar mucho ni tenía fuerzas como para pegarle una merecida piña a la vaca ojerosa bruta a la cual le estaban pagando un sueldo para llevarme a máximos niveles de irritación, lo único que pude hacer fue exhortarla a que inmediatamente me atienda alguien, cosa que hizo mirando para arriba como si yo estuviese loca.
Finalmente otra dentista me mira la boca y me dice lo más tranquila "ah si, tenés el maxilar expuesto" ah si, el cielo es azul, el pasto es verde y yo tengo el maxilar expuesto y la vida sigue con normalidad...casi lloro, pero me la banqué y me sometí a la solución. Nuevamente anestesia (que esta vez me hizo efecto lo mas bien...), apertura de las heridas semi cicatrizadas, carnicería y a limar el maxilar con el torno y una especie de mini-espátula, al son del "crac-crac" que hacían mis huesecitos al partirse.
Fui hacia mi casa con media cara hinchada como Quico mientras me chorreaba sangre y la gente me miraba con expresión bovina y decidí dirigirme a la guardia de un hospital para tener otra opinión y que de paso me dijeran si lo que me habían hecho era mala praxis o mala suerte. Me acompañó Juanito (que me acompañó en todo momento aunque haya dicho en el post anterior que no me dio bola, je) y nos clavamos como una hora en la guardia hasta que me atendieron y explayé todo mi relato con lujo de detalles para obtener el veredicto final: "Te hicieron bien las cosas, se te complicó la recuperación pero es normal que pase", lo cual me generó alivio por un lado aunque por otro lado tuve que despedirme de la idea de ganarle juicio al dentista y terminar conduciendo una ferrari con Oggi Junco de acompañante (y con media cara menos, onda mutante).
Hoy tengo dentista de nuevo y si bien sigue doliendo como el demonio al menos puedo consumir alimentos casi sólidos y en vez de tener en la boca un hoyo donde asoman huesos, tengo una baba viscosa que supongo que me está cicatrizando o algo.
También me pasó que comré pilas para la cámara en el supermercado chino y vinieron falladas, y el chino malo con campera de cuero no me las quería cambiar por nada del mundo como si por los seis pesos que me salieron, él pudiese comprarse arroz de por vida. De tanto insistirle me las cambió pero le dolió en lo mas recóndito de sus sentimientos -o lo que debe ser "sentimientos" para un chino malévolo-. Ahora cada vez que voy me mira de reojo, no vaya a ser que le afane un pan lactal.

